Seguramente has oído la expresión "comparar peras con manzanas". Este ejemplo de falsa equivalencia es de lo más sencillo. Es una metáfora para evitar confundir dos cosas que apenas se parecen.
Sin embargo, en un mundo de sesgos cognitivos, información tendenciosa y malas intenciones, detectar esta falacia lógica resulta mucho más difícil. Mediante comparaciones erróneas, una interpretación errónea puede cobrar fuerza a través de la exageración y la pendiente resbaladiza. La falsa equivalencia se encuentra en muchos ámbitos de la vida, desde la política hasta la publicidad, y puede tener graves consecuencias si no se reconoce y corrige.
Definición de falsa equivalencia
La falsa equivalencia es un mecanismo cognitivo y falacia lógica donde se equiparan dos argumentos o situaciones distintas, basándose en similitudes superficiales, ignorando diferencias fundamentales de escala, intención o evidencia, y se trata de establecer una equivalencia, moral o de otro tipo, entre ellas. Decir que tanto los perros como los gatos tienen cola y que, por tanto, los perros son equivalentes a los gatos sería un ejemplo simplista de esta línea de razonamiento fallida. Podría ser tentador descartar inmediatamente un argumento de este tipo debido a la falsa analogía. Sin embargo, descartar un argumento sin explicar sus matices podría tener un efecto adverso en la audiencia.
La definición de falsa equivalencia es el acto de comparar dos cosas que no son equivalentes como si lo fueran. Esto crea una falsa sensación de equilibrio o imparcialidad, como si ambas partes de un argumento fueran igualmente válidas cuando no lo son. Esta falacia es catalogable como una afirmación de inconsistencia.
En esta falacia, el hecho de que dos elementos compartan una característica o estén vinculados por alguna similitud demuestra que son equivalentes.
Psicológicamente, busca reducir la disonancia cognitiva, crear una falsa sensación de imparcialidad o minimizar la gravedad de un hecho.
Su objetivo primario es confundir al oponente o al público y atraer su atención hacia otro tema.
En la falsa equivalencia, el proceso de pensamiento es el siguiente:
-El objeto 1 y el objeto 2 comparten la característica A.
-Por lo tanto, las cosas 1 y 2 son equivalentes.
Esta característica puede equiparar comportamientos menos dañinos con comportamientos más graves. En esencia, se trata del concepto de «¿y qué hay de...?», o «Si fulano es tan malo, ¿qué hay de la vez que tú hiciste algo malo?». Se recurre a lo que es fundamentalmente irrelevante para el argumento que se presenta, con el fin de desacreditar un argumento contrario.
Sinónimos: falsa analogía, equivalencia, dialélico, analogía, equivocación, contrafalacia, falso dilema, falacia del francotirador de Texas, alogicidad, inequivalencia .
Componentes del mecanismo psicológico
Simplificación excesiva: El cerebro busca atajos mentales (heurísticos) y tiende a igualar cosas complejas para facilitar la comprensión.
Sesgo de confirmación: Se enfatiza una única similitud pequeña entre dos temas dispares, ignorando activamente el contexto o las pruebas contrarias que demuestran su desigualdad.
Falacia del "Y tú más" (Tu Quoque): Se utiliza como mecanismo de defensa para desviar la atención de una falta grave comparándola con otra menor o irrelevante.
Necesidad de equilibrio artificial: En debates, se fuerza una falsa paridad para evitar tomar partido o para aparentar objetividad (equidistancia), a menudo en medios de comunicación o discusiones políticas.
Ejemplos:
"La mayor parte de mi testimonio sobre el acusado fue lo contrario de lo que realmente creo, pero apuesto a que no hay ningún perito que siempre haya dicho la verdad desde que tuvo edad para hablar, así que no soy menos honesto que ellos."
"Tanto el que roba un pan como el que roba un banco son ladrones, por lo tanto, ambos crímenes son iguales" (ignora la inmensa diferencia de escala y daño)."
Características
La forma común de llevar a cabo esta falacia es aferrándose a un rasgo común entre dos temas y asumir que existe una equivalencia entre ambos. Es el resultado de tomar un rasgo común que puede ser fortuito o anecdótico y asumir que por ello ambos objetos o temas son necesariamente equivalentes, lo que implica ignorar selectivamente otros rasgos que no son comunes. El patrón de esta falacia es así: "Si A tiene la propiedad C y D, y B tiene la propiedad D y E, entonces A y B son equivalentes ya que ambas contienen la propiedad D."
En este caso es cierto que A y B contienen la propiedad D, pero ello no hace que A y B sean equivalentes, ya que ambas poseen propiedades únicas que no son compartidas.
Las siguientes frases son ejemplos de falacias de falsa equivalencia:
"Ambos son mascotas muy suaves, por tanto no hay diferencia entre un perro y un gato."
"Todos nacimos desnudos, por tanto no existen diferencias entre las personas."
La falsa equivalencia se usa comúnmente en la política, en la que un político acusa a su oposición de haber cometido actos equivalentes. La falacia de la falsa equivalencia no debe ser confundida con la falacia del "falso equilibrio" (también conocida como "falsa balanza") donde se presenta un problema desde puntos de vista opuestos otorgándole la misma credibilidad a ambas sin tener en cuenta la evidencia detrás de cada postura.
Usos de falsa equivalencia
Es frecuente encontrar falsas equivalencias en la publicidad. Los anunciantes suelen utilizarlas para hacer que sus productos parezcan mejores que los de la competencia. Por ejemplo, un anuncio de una nueva marca de pasta de dientes podría afirmar que es "igual de buena que la marca líder", cuando en realidad no se ha probado ni demostrado su eficacia.
Otro ejemplo que puede usarse para difamar a las personas es el siguiente: si la Sra. Roja recibió una multa por exceso de velocidad y el Sr. Azul fue arrestado por asesinato, ¿son ambos criminales? Al fin y al cabo, se podría argumentar que técnicamente ambos infringieron la ley. Sin embargo, la gravedad de estos dos incidentes es muy diferente, ya que uno de los delitos es mucho más grave. Este argumento sirve para perjudicar la imagen de la Sra. Roja y minimizar la gravedad del delito del Sr. Azul.
Es frecuente encontrar falsas equivalencias en los debates sobre temas políticos importantes. Algunos argumentan que existe un debate sobre la realidad de ciertos temas relacionados con la intolerancia, los prejuicios o el consenso científico, como si ambas posturas fueran igualmente válidas. Por ejemplo, se podría oír decir: «legalizar la droga A conducirá a la legalización de drogas más duras y dañinas como la droga B». Esto es una falsa equivalencia, ya que una ley no garantiza necesariamente la aprobación de otras, y el daño causado por estas dos drogas es incomparable.
Los ataques políticos se basan en falsas equivalencias. Los supuestos defectos de un político implican que no es apto para el cargo. Sus acciones se comparan con las fechorías de otros, que podrían ser completamente diferentes. Y si un político de un bando comete un acto corrupto, se asume que todos los miembros de su partido son igualmente propensos a la corrupción.
Con frecuencia, una de las partes promueve el daño a un grupo vulnerable o marginado, presentando sus puntos de vista como si se tratara de un debate. Cuando las posturas políticas equiparan a un grupo con "mala gente", generalmente comparándolos con figuras históricas, esto puede generar pánico moral.
La intolerancia y los estereotipos también están relacionados con la falsa equivalencia. El hecho de que alguien de un grupo (racial, cultural, de género o de cualquier otra índole) cometa un delito no significa que todos los miembros de ese grupo tengan la misma predisposición. Esta falsa equivalencia puede servir para justificar la falta de compasión o el incumplimiento de los derechos humanos básicos de las personas marginadas.
Un caso extremo son los ismos. Evidentemente los ismos nunca nos llevarán a un punto equilibrado de ninguna opinión o circunstancia porque por definición son radicales, por ejemplo, las feministas constantemente utilizan esta falacia para justificar sus procedimientos violentos contra los hombres y contra su entorno, esto no intenta de ninguna forma decir que sus demandas sean falsas o equivocadas, ¡No! pero queda evidente que sus medios no siempre son adecuados, y queda claro porque cierta fracción de la población se los demanda, e inmediatamente como respuesta, nace una falacia de falsa equivalencia, cuando se les pide mesura responden intentando hacernos sentir culpables y justifican “te preocupas más por una pared pintada que por las mujeres muertas”, ¡obviamente no! Claro que nos importa… pero poco o nada tiene que ver una cosa con la otra.
Un excelente ejemplo, se recoge del portal https://lafalaciadeldia.wordpress.com/ que expone y analiza la siguiente falacia:
"Yo nunca he matado a una mujer, pero eso no me impide estar de acuerdo con el femicidio"
Falacias similares que pueden conducir a una falsa equivalencia.
Existen docenas de falacias lógicas, y las dos siguientes están estrechamente relacionadas con la falsa equivalencia:
- Pendiente resbaladiza: Esta es una falacia que sostiene que si algo malo sucede, es probable que ocurra algo aún peor. Se basa en hipótesis extremas para convencer a la audiencia del punto de vista de quien comete la falacia, incluso si es probable que no sea cierto y existe poca correlación. Por ejemplo, si fumas cigarrillos, ¿qué te impide consumir sustancias más dañinas?
- Exageración: También conocida como apelación a los extremos, esta falacia simplifica en exceso un argumento, incluyendo elementos adicionales que pueden no ser relevantes. La causa real de una situación se eleva a un estándar o escenario irreal que probablemente no ocurra. Por ejemplo, si se les pagara más a los maestros, gastarían todo su dinero en útiles escolares y tendríamos aulas llenas de lápices de colores.
El tuquoqueismo, ¿qué es eso?
La falacia de la equivalencia moral también se conoce como tuquoqueismo o whataboutism en inglés o falacia del “y tu más” o whataboutery en inglés . Este truco lo emplea un polemista para acusar a sus oponentes de hipocresía: «nos acusan de una mala acción, pero ¿qué pasa con sus malas acciones?». Esta estratagema es similar a la falacia de la falsa equivalencia, pero añade una acusación de incoherencia contra el oponente. De este modo, se supone que el equilibrio del debate se desplaza y que el argumento original no tiene que ser refutado. En cierto modo, es una estratagema similar a la falacia ad hominem..
El tuquoqueismo se utiliza principalmente en un contexto político, pero también aparece en otros tipos de disputa. Por ejemplo, lo suelen emplear los teólogos en los debates contra los darwinistas cuando quieren desacreditar los enfoques seculares de la moral. Frente a la noción de que la moral es una preocupación humana y no está determinada por fuentes sobrenaturales, los apologistas religiosos «contraatacan con ejemplos de tiranos ateos (Mao, Stalin, Hitler, Pol Pot)», insinuando que ser un déspota proviene de creencias sin Dios. Si bien es cierto que muchos regímenes totalitarios se opusieron estrictamente a la religión, esta estratagema suele fracasar porque los dictadores y tiranos no se adhieren a las nociones de laicidad humana, sino a su beneficio personal y a su percepción irracional de la vida. Además, muchos de ellos se creen «salvadores», agentes divinos, o muestran otros indicios de tener una fuerte devoción por la superstición o la religión. Aun así, un público descuidado puede ser víctima de este tipo de engaños, especialmente porque los personajes históricos mencionados pueden evocar poderosas emociones negativas.
Cómo evitar la falsa equivalencia
Si pretendes que tu audiencia te tome en serio un argumento, es importante cuestionar la validez de la comparación que haces. Pregúntate si los dos elementos comparados son realmente equivalentes en cuanto al atributo negativo presentado, o si una parte del argumento se basa en hechos y pruebas, mientras que la otra se fundamenta en opiniones o propaganda.
También es importante buscar fuentes de información fiables y verificar las afirmaciones antes de aceptarlas como ciertas. Esto puede ayudar a prevenir la propagación de falsas equivalencias y otras formas de desinformación.
Al reconocer las falsas equivalencias, podemos tomar decisiones más informadas y evitar ser engañados por información falsa o confusa.
Conclusión
Un escéptico debe estar siempre atento a diversas estratagemas para poder filtrar adecuadamente la abundancia de información, especialmente en tiempos de guerra, que se traduce en una intensificación de la propaganda y de las artimañas para crear opinión. Uno de los principales objetivos de los polemistas que utilizan la falacia de la falsa equivalencia es desviar la atención del público de los hechos inconvenientes, como los crímenes. Es, por tanto, una de las herramientas preferidas de los propagandistas y los malhechores en su esfuerzo por justificar sus acciones discutibles. Afortunadamente, la lógica fallida de algunos de los argumentos puede disiparse mediante el escepticismo.
