Si hay un problema que define al ser humano es la ilusión del conocimiento. Somos esas personas que a menudo, por haber adquirido unos aprendizajes teóricos, pensamos que podemos conquistar el mundo. Más tarde, la realidad y sus intrincados desafíos nos dan un baño de humildad. El auténtico aprendizaje lo da la práctica y no solo los libros.
Podríamos decir que vivimos en ese mundo donde hay muchos ignorantes que creen saberlo todo (el efecto Dunning-Kruger) y donde los altamente competentes, a menudo, creen que no lo son (síndrome del impostor). Esta tremenda ironía ha definido desde siempre al ser humano y de algún modo, entorpece también los avances y contribuciones a nuestra sociedad.
La sabiduría, el conocimiento y cualquier competencia se asienta con el ejercicio cotidiano de quien aplica su sapiencia en las más diversas situaciones. No basta solo con leer o incluso tener un título para actuar con acierto e incluso para ser feliz. Esto configura una interesante falacia que definió la doctora Laurie R. Santos y Tamar Gendler, y que lleva un nombre de lo más original… sigue leyendo y lo descubrirás.
Primeramente, viajemos al pasado y volvamos a la época dorada de los 80. Uno de los mayores éxitos televisivos de esa década fue la serie animada infantil GI Joe, protagonizada por un personaje militar que, entre otras hazañas heroicas, también disfrutaba dando consejos a los niños sobre cómo vivir mejor, explicándoles lo que era correcto hacer.
Recordemos, GI Joe era una figura de acción que, para tranquilizar a los padres, terminaba cada uno de sus dibujos animados de los años 80 con el mensaje: «Ahora lo sabes. Y saber es la mitad de la batalla…». Este mensaje se presentaba en el contexto de alguna acción peligrosa que los niños realizaban sin querer, como cruzar la calle corriendo en medio del tráfico. Cada dibujo animado terminaba con GI Joe rodeado de un grupo de niños que gritaban alegremente: «¡Gracias, GI Joe, ahora lo sabemos!». Y, supuestamente, esos niños listos nunca volverían a cometer el mismo error.
Los espectadores se quedaron con la idea de que, a partir de ese momento, esos niños siempre tomarían en serio el consejo, siendo precavidos y atentos la próxima vez que cruzaran la calle. ¿Y por qué no lo harían? ¡GI Joe les había dado el conocimiento suficiente para saber cuál era la forma correcta de hacerlo!
Lamentablemente, así será, porque simplemente conocer nuestros sesgos cognitivos no basta para superarlos. Esta situación es lo que la científica cognitiva Laurie Santos, profesora asociada de Psicología en Yale, denomina la falacia de GI Joe. Ella ilustra esta falacia con la ilusión de Müller-Lyer, que se más adelante.
GI Joe no es una excepción, ya que existen muchas otras series y películas que también buscan transmitir mensajes de servicio público, creyendo que basta con informar a la gente para que actúe en consecuencia. Se basa en la idea de que si se les recuerda a las personas lo que es correcto en la vida, ¡pueden usar su inmenso conocimiento para solucionarlo todo! Porque una vez que las personas tienen información, una vez que están informadas sobre lo que es bueno o malo para ellas, ¿cómo podrían no tomar la decisión correcta?
Conceptualización de la falacia de GI Joe
Definición de la falacia de GI Joe
La falacia de G.I. Joe es la creencia errónea de que conocer un sesgo cognitivo o tener información sobre un error de pensamiento es suficiente para superarlo. Derivado de la frase "saber es la mitad de la batalla" de la serie G.I. Joe, la psicología demuestra que la conciencia no elimina automáticamente los hábitos o sesgos.
Es un concepto fundamental en la psicología conductual para entender por qué las personas a menudo actúan en contra de su propio conocimiento racional.
Puntos clave de la falacia de GI Joe
Conocer no es actuar: Comprender un sesgo (como el efecto anclaje) no impide caer en él.
Saber no es suficiente para superar la mayoría de los sesgos cognitivos, incluida la falacia de GI Joe. Simplemente reconocer que existe no basta para evitar caer en ella.
Origen: Proviene de los anuncios de servicio público de los años 80 donde, tras aprender una lección, los personajes decían: "Ahora lo sabes... y saber es la mitad de la batalla".
El Error: Creer que la "mitad de la batalla" (el conocimiento) es equivalente a ganar la batalla entera (cambiar el comportamiento).
Ejemplo: Un fumador sabe que fumar es malo (conoce el riesgo), pero eso no significa que pueda dejarlo fácilmente.
Superación: Requiere cambiar situaciones o entrenar la regulación emocional, no solo obtener información.
Por qué ocurre: Reflexionar sobre un sesgo no basta para desactivarlo en el momento de tomar decisiones, especialmente cuando estamos distraídos, bajo estrés o influenciados por hábitos arraigados.
Origen de la falacia de GI Joe
La falacia de GI Joe fue acuñada por la profesora Laurie R. Santos y la profesora Tamar Gendler, ambas reconocidas científicas cognitivas y profesoras de psicología en la Universidad de Yale, donde imparten un curso titulado " La ciencia del bienestar" . Este curso explora verdades profundas y sorprendentes sobre la felicidad humana, cómo se alcanza y qué se siente realmente. Durante esta fascinante serie, Santos revela cómo nuestro cerebro suele dejarse engañar por la falacia de GI Joe al intentar tomar decisiones y percibir eventos . La idea de que simplemente saber más es suficiente para que los humanos tomen las decisiones correctas es errónea, ya que nuestro cerebro es propenso a cometer errores de cálculo y a tomar malas decisiones.
Esto se debe a que las acciones que realizamos en nuestra vida diaria no son solo consecuencia del conocimiento que poseemos, sino que también están influenciadas por sesgos cognitivos, comportamiento y actitud.
Así pues, el acto de saber en sí mismo no es lo mismo que poner en práctica el conocimiento adquirido. De hecho, es solo una pequeña parte de todos los requisitos necesarios para tomar la decisión correcta.
Demostración del sesgo cognitivo mediante la ilusión de Müller-Lyer.
Laurie Santos ilustra esta falacia con la ilusión de Müller-Lyer, que se muestra a continuación.

| Muestra la ilusión de Müller-Lyer
| Image source: https://medium.com/
En esta imagen, verás dos líneas, donde la superior siempre te parecerá ligeramente más larga que la inferior. Ahora bien, aunque te demuestre que tu percepción es errónea, ya que en realidad ambas líneas tienen la misma longitud y solo la diferencia de encuadre te produce una ilusión óptica, tu cerebro seguirá sin poder borrar esa imagen. Esto se debe a nuestro sesgo cognitivo.
En este caso, tanto si sabes que se trata de una distorsión visual como si no, tu cerebro ha permitido que un sesgo cognitivo influya en tu percepción de la realidad, por lo que incluso cuando eres consciente del hecho absoluto y objetivo de que las dos líneas tienen la misma longitud, seguirás percibiéndolas de forma inexacta.
La ciencia cognitiva explica por qué el conocimiento de una acción deseada o aceptable no basta para llevarla a cabo, al señalar la conexión entre el conocimiento racional y el emocional. Utilizamos ambos tipos de razonamiento en distintos grados, según nuestra comprensión y carácter, para tomar decisiones acertadas. Nuestra mente racional y analítica anhela herramientas que nos ayuden a controlar las situaciones y a buscar seguridad. Sin herramientas, no tenemos nada que aplicar a la toma de decisiones. El conocimiento emocional nos ayuda a interiorizar el uso de esas herramientas, llevándonos más allá del mero conocimiento hacia los beneficios de la verdadera comprensión a través de la experiencia. Cuando utilizamos ambos conjuntamente, nos acercamos a la intencionalidad.
Aunque la caricatura de GI Joe ya no existe, su falacia sigue vigente en los campus universitarios, donde las fuerzas impredecibles de la emoción, el hábito y la situación prevalecen, a pesar de que los estudiantes crean saberlo mejor. Para cambiar el comportamiento, debemos ir más allá del simple conocimiento y comprender la regulación emocional, la formación de hábitos, la práctica constante y las situaciones en las que nos encontramos.
Cómo funciona la falacia de GI Joe
Sucede que esta falacia, nos ha llevado a una mentalidad de que las personas exitosas son aquellas que se centran en la adquisición de conocimientos y no en la acción. Esto puede retrasar el progreso y limitar el potencial de éxito. En lugar de enfocarse únicamente en la adquisición de conocimiento, los emprendedores deben adoptar una mentalidad aprendizaje y acción. Lo que significa estar dispuesto a aprender de los errores y fracasos, y estar en busca de nuevas oportunidades de desarrollo.
El poner especial atención en la adquisición del conocimiento por encima de la acción, se ha extendido más allá de la cultura popular y muchos emprendedores creen que, con conocimiento suficiente y motivación, pueden superar cualquier obstáculo y lograr el éxito empresarial. Sin embargo, esta mentalidad es peligrosamente limitada y puede ser perjudicial para los emprendedores que buscan crear negocios exitosos y sostenibles.
La falacia de G.I. Joe se basa en la creencia de que la única cosa que separa a las personas exitosas de las que no lo son es la preparación. Ignorando así muchos factores externos que pueden influir en el éxito empresarial, como el acceso a recursos financieros, la experiencia en la industria y la adquisición de una red de contactos que los fortalezcan.
Los emprendedores pueden subestimar la importancia de estos factores y centrarse únicamente en sus conocimientos y experiencia personal para superar cualquier obstáculo. Como resultado, pueden tomar decisiones imprudentes y correr riesgos innecesarios en lugar de aprovechar al máximo sus recursos y buscar asesoramiento y orientación de consultores y expertos en la industria. Incluso pueden llegar a menospreciar la importancia del trabajo en equipo y la colaboración.
Los tres tipos comunes de sesgo cognitivo humano
Ahora que hemos visto lo fácil que es engañar al cerebro y percibir las cosas subjetivamente, incluso cuando están muy lejos de la verdad, exploremos algunos sesgos cognitivos comunes en los seres humanos. Recuerda que, como sugiere la falacia desacreditada de GI Joe, ¡simplemente conocer nuestros sesgos cognitivos no basta para evitarlos! Tendrás que esforzarte activamente por canalizar tus pensamientos, cambiar hábitos y controlar tus situaciones para superar realmente estos sesgos comunes.
• El sesgo de confirmación
Cuando las personas conversan en grupo, un profundo sesgo cognitivo las impulsa a centrar su atención en la información que más se alinea con sus creencias personales. De esta manera, sin darse cuenta, ignoran las opiniones contrarias y solo son receptivas al conocimiento similar. Esto resulta sumamente problemático, ya que las convierte en pésimos oyentes, incapaces de asimilar nuevas perspectivas y opiniones con empatía. Dificulta la capacidad de resolución de problemas y prácticamente las vuelve insensibles al aprendizaje.
• El sesgo de anclaje
Existe un viejo dicho que afirma que la primera impresión es la que cuenta, y te sorprendería saber con qué frecuencia se cumple. Muchas personas se consideran progresistas y abiertas a nuevas ideas, pero lo que no saben es que su sesgo de anclaje oculto las lleva a aferrarse a la primera información que reciben, lo que las hace mucho más cautelosas y reacias a cualquier idea nueva que se les presente. Es comprensible, ya que los humanos suelen formarse una opinión demasiado rápido y luego muestran animosidad cuando alguna información nueva contradice sus ideas preconcebidas. En consecuencia, las personas se vuelven muy escépticas y dudosas ante los nuevos hechos, incluso cuando la información es completamente cierta.
• El sesgo de impacto
Cuando las personas hacen predicciones sobre su estado emocional para eventos futuros, a menudo sobreestiman la intensidad y la duración de sus emociones. Así, cuando se les pregunta si son felices hoy, no solo suelen responder con un rotundo "¡No!", sino que además enumeran una lista de deseos con cosas que anhelan para experimentar la felicidad plena. Para cada persona, estas listas pueden variar desde un mejor trabajo, más dinero y oportunidades para viajar, hasta ganar la lotería. Como resultado, las personas tienden a perseguir aquello que se les ha inculcado sistemáticamente como la principal fuente de felicidad. Esto crea un estado en el que la persona nunca puede apreciar ni ser feliz con lo que ya tiene en el presente, sino que sigue soñando con que la vida mejore y sea más feliz cuando finalmente consiga el trabajo de sus sueños. Lo más triste es que la expectativa de felicidad es tan grande que, incluso después de alcanzar su meta, la persona sigue siendo incapaz de experimentar la alegría que había imaginado. Así, la vida comienza a parecer monótona y decepcionante, dejando a la persona inquieta y con ganas de más. En resumen, no son los objetos materiales ni las metas los que dan felicidad, sino cómo percibimos y reflexionamos sobre la vida, más allá de nuestros hábitos y mentalidades arraigadas. Por lo tanto, quienes carecen de gratitud siempre serán un poco menos felices, incluso si aparentemente llevan una vida exitosa y poseen todo aquello que se considera motivo de felicidad.
Ejemplos
1. Saber que una oferta es un truco de marketing no impide sentir que es una gran oportunidad.
2. Saber que un miedo es irracional (ej. el borde de un precipicio con cristal) no elimina el miedo.
3. Conocer cómo comer saludable no garantiza seguir una dieta correcta .
¿Por qué es una falacia?
El cerebro humano actúa más por hábitos y contextos automáticos que por conocimientos conscientes. Reconocer un sesgo es a menudo menos de la mitad de la batalla; la verdadera "batalla" reside en la implementación de comportamientos y cambios prácticos.
En el cerebro humano intervienen constantemente varios sesgos cognitivos, pero incluso con estos tres ejemplos se puede apreciar lo perjudiciales que pueden ser para la salud mental.
Cómo superar la falacia de GI Joe
En lugar de solo conocer el sesgo, se requiere acción, diseño del entorno y práctica constante para cambiar el comportamiento real.
Si lo que nos contó GI Joe era solo una falacia, ¿cómo podemos mejorar nuestra inteligencia emocional para tomar mejores decisiones ahora que somos conscientes de nuestros posibles sesgos cognitivos? La respuesta reside en comprender nuestras emociones, formar hábitos regulares y ser conscientes de nuestra actitud. Aunque parezca sencillo, todo esto requiere constancia y un esfuerzo persistente.
Debemos practicar activamente hábitos como la atención plena y la gratitud a diario para estar más presentes en el momento actual.
También implica prestar más atención a nuestras emociones, para saber si pensamos con claridad o si dejamos que nuestros sesgos cognitivos influyan en nuestros pensamientos. Cuanta más atención prestemos a nuestra mente y actitud, mejor comprenderemos nuestras verdaderas intenciones.
¡Superar los sesgos es como dominar cualquier arte! Claro, al principio empezarás adquiriendo conocimientos básicos, pero más adelante, solo mediante la práctica constante y la reflexión podrás llegar a dominar el arte. Sin embargo, mientras sigas intentándolo y te esfuerces por evitar que tus prejuicios te dominen, aún hay esperanza de que superes tus obstáculos mentales y logres aplicar correctamente tus conocimientos tomando las decisiones acertadas.
Además, trabajar en equipo puede ayudar a los emprendedores a ampliar su perspectiva y adquirir habilidades adicionales que les permitan crear negocios más innovadores y exitosos. En lugar de depender únicamente de su propio conocimiento y destreza, los emprendedores pueden aprovechar la experiencia y las perspectivas de otros para tomar decisiones más informadas y estratégicas y lograr un mayor éxito empresarial a largo plazo.
Conclusión
Dicen que el saber no ocupa lugar, pero ¿de qué nos sirve atesorar conocimientos o disponer de un buen número de información que no aplicamos en nuestro beneficio? Es cierto que los G.I Joe ya están pasados de moda y que pertenecen a otro tiempo, pero la falacia de G.I Joe persiste y está muy arraigada en nosotros.
Revisemos nuestros hábitos de conducta y de pensamiento. Sabemos que muchos de ellos no son saludables y no median en nuestra felicidad. El conocimiento es poder solo si lo situamos a nuestro servicio, así que hagámoslo, pasemos a la acción y promovamos cambios más saludables.
Para terminar, la principal conclusión de gran parte de la investigación contemporánea sobre el juicio y la toma de decisiones es que el conocimiento —al menos en la forma de nuestra representación consciente de una situación— rara vez es el factor central que controla nuestro comportamiento. El verdadero poder del control del comportamiento en línea no reside en el conocimiento, sino en aspectos como la selección de situaciones, la formación de hábitos y la regulación emocional. Esta es una lección que la terapia ha asimilado, pero que la «ciencia pura» sigue ignorando.
Bibliografía
Los contenidos aportados en esta publicación, son el resultado de la investigación y posterior compilación de fuentes reconocidas, y que se mencionan sus créditos a continuación:
https://lamenteesmaravillosa.com/